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Breverías: Ni menos que las gracias ni más que las musas

Publicado por Dr. Don Manuel Sánchez Salorio el 25/01/2020

Doktor Pseudonimus

Tomás de Quincey solía almorzar todos los días con invitados. Procurando siempre cumplir un consejo de Lord Chesterfield: que el número de comensales nunca fuese inferior al de las gracias ni superior al de las musas. Dos es número adecuado para una confesión, un idilio o un combate, pero no para una conversación. Con más de nueve hace falta muy buena educación para que la conversación no se fragmente. Tantos como los apóstoles en la última cena es situación excepcional que D. Francisco Vázquez defiende quizás para no desautorizar al anfitrión de esa cena. Y conviene recordar que después del ágape Tomás de Quincey se daba un largo paseo reflexionando sobre lo conversado. Siempre solo porque hablar le impedía respirar por la nariz que era una de sus obsesiones.

Las hijas de D. Baltasar

Don Baltasar Gil Imón fue un señor fiscal del Consejo de Hacienda en tiempos de Felipe III. Tenía tres hijas -Fabiana, Feliciana e Isabel- y ninguna era precisamente una belleza. Según costumbre de la época llegó el tiempo de buscarles marido. En el lenguaje común las jóvenes casaderas solían nombrarse como “pollas”. Para propiciar su matrimonio D. Baltasar llevaba a sus hijas a cuanto acontecimiento social se producía en Madrid. Dado el rango de D. Baltasar la llegada del grupo era anunciada con cierta solemnidad. Con voz bien audible, el portero decía: D. Baltasar Gil y sus pollas. Y según la leyenda urbana así fue como gilipollas hizo fortuna y se incorporó al lenguaje como un término despectivo. En Una historia de España que Pérez-Reverte acaba de dar a luz se dice de España que es tierra fértil en canalla s y gilipollas. Y digo “leyenda” porque hay quienes afirman que “Gil” viene del caló, el gitano español, significando bobo. Lo único seguro es que Gil Imón da nombre a una calle de Madrid. Por lo demás si el relato non è vero al menos è ben trovato.

Tuiteo, ergo sum

Para sentirse viva mucha gente necesita sacar a la luz sus sensaciones e interioridades. Pero quizás convenga recordarle que figurar en la red no es todavía una obligación incluida en la Constitución. Aunque todo se andará.

Contra la ley de la gravedad

Pedro Sainz Rodríguez fue una personalidad poliédrica. Erudito, académico, diputado en la República, experto en la mística española, ministro de Educación Nacional en el primer gobierno de Franco, conspirador monárquico exiliado a Portugal, consejero privado de D. Juan de Borbón. Pero quizás haya pasado a la historia por anunciar una ley y escribir una despedida. Esta es la ley: si una señora deja que un varón coloque su mano sobre su rodilla la mano tenderá a elevarse de modo inexorable. En la carta la despedida es: póngame a los pies de su señora que de ir subiendo ya me ocuparé yo.

Primer ejemplo histórico del sentido del humor

Diógenes acude a un gimnasio. Un arquero muy torpe se está ejercitando. Las flechas salen disparadas sin orden ni concierto. Diógenes coge una silla y la coloca delante del blanco. Se sienta y comenta: es el único lugar en que puedo sentirme completamente seguro.

Echando chiribitas

Alguien me pregunta de donde viene esa expresión. En el diccionario de la RAE en la tercera acepción aparece como expresión familiar. Chiribitas son “partículas que vagando en el interior de los ojos ofuscan la vista”. En el siempre sabio Corominas se dice que “chibit”, como chispa, es derivación onomatopética del chisporroteo. Pero si lo preguntan en Jerez la explicación sería diferente. Sería una expresión propia de las juergas de señoritos jerezanos. “Sherrobitia”. Resultado libre y alcoholémico de mezclar sherry y bitter.

Una casa y un piropo

Una casa no es nunca solo un edificio. Es un lugar donde alguien te espera. Aunque solo sean tus perros. El piropo nos llega desde la docta chulería de D. José Ortega y Gasset: “era rubia como una cuerda del violín y como ella capaz de estremecimientos”.

www.sansalorio.com

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