4 Respuestas

  1. JESUS BERMEJO GODAY
    JESUS BERMEJO GODAY 18/06/2013 at 14:36 | | Reply

    Por los mismos años me tocó también la reválida. El escrito, y en eso difiero, era antes del oral y además eliminatorio. Lo que a nosotros que veníamos de los jesuitas de Vigo, nos permitía un intervalo de hasta de una o dos semanas en su residencia de La Guardia. Allí eramos informados todas las noches de las preguntas que ese día se habían hecho en Santiago, recogidas y transmitidas telefónicamente por espías previamente aleccionados.
    En el examen oral, una de las integrantes era precisamente Mercedes Alsina, que citas en otro artículo tuyo. Para mí un alivio, pues era el único miembro del tribunal que conocía de antes (amiga de mis hermanas), recuerdo que me preguntó sobre Alfonso X. Un saludo a la distancia Jesús

  2. Leopoldo García Sobrado
    Leopoldo García Sobrado 06/04/2013 at 15:51 | | Reply

    Estimado Doktor pseudonimus:

    Acabo de leer su Zaguán del sábado día 6 de abril.
    Yo también estudié en los HH.MM. ,pero de la calle Betanzos. El motivo del escrito es por su recuerdo de Francisco, Marcelino, Mauro. Sierra creo que era el apellido. Estudié con él varios cursos de Primaria y Bachillerato, en los años sesenta. Creo que fue en primero de bachiller la anécdota que voy a contarle. Ese día el Hermano me había dejado al cuidado de la clase mientras se ausentaba un rato. Si alguien se porta mal apunta el nombre en el encerado, me dijo. Aunque normalmente o nunca apuntaba a nadie, ese día avisé varias veces a Marcelino que como no parara de hacer tonterías, le iba a apuntar. Repito que nunca lo hice pero ese día apunté el nombre de Marcelino. No se sí el Hermano lo castigó o no. Lo cierto es que después de clase me amenazó diciéndome que a la salida me esperaba. Efectivamente a la salida, en la entrada por Teresa Herrera al colegio, allí estaba él y algunos más esperándome. En cuanto me vió me dijo: ¿Y ahora qué?. Tiré la cartera de cuero que llevaba en las manos ( aún recuerdo su olor) me dirigí hacia Marcelino y le pegué un puñetazo en el labio. Empezó a sangrar y ahí se acabó todo. Al día siguiente al volver a clase los compañeros empezaron a gritar !Cassuis Clay¡, aún no era Mohamed Alí. Después le perdí la pista ya que abandonó el colegio supongo que por traslado de su padre a otros quehaceres en otra ciudad. Yo no sabía quién era su padre, me enteré muchos años después y no sabía que era un mandamás del Régimen. Lo cierto es que nadie me llamó ni me dijo nada. Ya no llegué a cursar Preuniversitario y la famosa reválida, la hice en sexto, fui de la primera promoción que cursó COU.
    Leo todos los sábados, con gran fruición, El Zaguán y ahora por más motivo.

    Atentamente,

    Leopoldo García

    1. Manuel Sánchez Salorio
      Manuel Sánchez Salorio 07/05/2013 at 11:39 | | Reply

      Estimado Leopoldo:
      Ahí te va ni doble agradecimiento. El que te debo por ser lector del Zaguán y el que deriva de hacerme revivir los tiempos del Colegio de los Maristas. Yo empecé el bachillerato en el chalet que había donde después estuvo el edificio de Fenosa. Creo que fue en cuarto curso cuando nos trasladamos al edificio de la calle de Betanzos pero nunca entré por Rosalia de Castro pues al principio sólo se recuperó la mitad del edificio: incluso el patio estaba dividido por una pared tan difícil de saltar como el muro de Berlín. No recuerdo al hermano Marcelino. De mis tiempos recuerdo sobre todo a D. Jesús Des que era el Director, al hermano Nemesio y de un modo más difuso al hermano Angel, quien nos dio literatura. Pero sobre todos recuerdo a D. José Domínguez a quien llamábamos Pepote y que tanto en el colegio como en las clases particulares a las que tuve la fortuna de asistir fue un profesor extraoridinario. Lo que opino sobre la experiencia del colegio se resume en esto que contesté en una entrevista.

      ¿Dónde estudió el bachillerato?
      El bachillerato (1940 – 1946) lo cursé en el colegio de los Hermanos Maristas, de La Coruña. Desde la perspectiva actual lo veo como un colegio sin grandes pretensiones que cumplía su función de modo amable y bastante eficaz. En aquellos tiempos la clase alta de La Coruña enviaba sus cachorros en régimen de internado a los jesuitas de Vigo. El ambiente era agradable – no había castigos ni expulsiones – y el nivel de la docencia más que aceptable. Aunque era un colegio religioso y mi época coincidió con lo que dio en llamarse nacional catolicismo, la religión nunca fue utilizada compulsivamente. Ni hacíamos ejercicios espirituales ni la culpa y la condenación eterna fueron temas a los que los maristas dedicasen especial atención.
      En mi generación el bachillerato funcionaba porque al final había que superar una evaluación externa: el Examen de Estado. La famosa Revalida en la que te examinaban catedráticos de la Universidad de Santiago.

      Un cordial saludo

      Manolo

  3. Manolo rivadulla
    Manolo rivadulla 23/03/2013 at 12:07 | | Reply

    Buenísimo!.
    Antes del llegar al final, y leer lo de sansalorio, estaba seguro que el Doktor Pseudonimus eras tu.
    Abrazos
    Manolo Rivadulla

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